Bueno, ya estamos de vuelta en casa. El viaje ha terminado y ya sólo queda mirar atrás y valorar las experiencias vividas. Y hay que empezar diciendo que se trata del viaje más impresionante que haya hecho en mi vida. Conocer tantísimos lugares junto con buenos amigos es algo que hay que vivir. Y también verse expuesto a los malos momentos y a superarlos por el simple hecho de que no hay más remedio, de que hay que seguir adelante.
Y ahora, aqui en casa, uno se siente raro. Vuelta a la cotidianedad y a la relajada vida. no hay trenes que coger, ni sacos que enrollar, ni tiendas que montar. Y aunque Javi insista en que no yo incluso echo de menos esas cosas.
Hace unos días a miles de kilómetros y hoy ya aquí. Pero no por ello vamos a deprimirnos ni amargarnos, porque el interrail nos ha dejado muy buenos recuerdos como aquel paseo en moto por la isla de Paros, con el aire en la cara y un pecioso pasaje pasando rápido a tu lado, conduciendo por a unos metros de un agua tan crístalina y transparente que parería artificial. También aquel café en Santorini, con la bahía debajo y el sol reflejandose en el agua e la tarde... Y como estos dos momentos tan maravillosos tambi´n ha habido muchos otros, demasiados para contar que hacen de este viaje algo necesario e indispensable.
Creo que jamás olvidaremos a Manolo amenazando la integridad de nuestras pichas, a Javi y sus chanclas, a Aladi con sus prisas o a Alvaro como activista máximo de Greenpeace, plantando pinos a cada ocasión. Asique, llegando a una conclusión es esta una aventura que hay que vivir, y os animo a todos a hacerlo, que perder cuatro kilos de peso no es nada en comparación con todo lo que se gana...
Y esto ha sido por mi parte,
muchos saludos a todos y ánimo a los que acaban de empezar con su viaje! (Diego, Ramón y Pablo W.)
martes, 3 de julio de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario